viernes, 4 de septiembre de 2009

Evolución del pensamiento protestante.

De los inicios de la Reforma a la Paz de Westfalia se produce, en las confesiones protestantes primigenias, es decir, la luterana, la calvinista y la anglicana, una poderosa arquitectura teológica, conocida como escolasticismo protestante, denominación que no deja de tener connotaciones peyorativas. Se trata, entre los luteranos, de la Confesión de Augsburgo, los escritos de Martín Lutero y de Melanchton y la Fórmula de Concordia (1577); entre los calvinistas de las Instituciones Cristianas de Calvino; entre los anglicanos de las 39 Proposiciones (obligatorias por Ley del Parlamento de 1571) y del Prayer Book. Cualquiera que sea la opinión que esta visión de la religiosidad cristiana merezca, ella es la que determinó y determinará en qué consiste la diferencia específica del cristianismo protestante, respecto del católico y del ortodoxo.
A pesar de que el escolasticismo protestante representa un intento de sistematización, no tiene ni la amplitud ni la profundidad que es característica del pensamiento religioso católico, por lo que -para los católicos- la religiosidad protestante resulta abigarrada y hasta contradictoria, y también, aunque en menor grado, la ortodoxa. Caracterizan al protestantismo ciertas proposiciones: la fuente de la autoridad religiosa en la Biblia, con escaso recurso a la tradición o a la autoridad conciliar o pontificia; la justificación por la fe sola; el ministerio sacerdotal de todos los fieles, de donde se siguen importantes consecuencias sobre la organización de las comunidades religiosas que se tratarán más adelante; existían otras connotaciones, pero que son de carácter polémico, respecto de costumbres eclesiásticas consideradas como corrupción del mensaje cristiano original, casi todas referidas a costumbres piadosas, modos de vida (monasticismo, celibato eclesiástico, etc.) o modos de orar: el protestantismo en general dará mayor énfasis a la predicación que a la celebración de la eucaristía, a la salmodia[10] más que a la liturgia, a la sencillez en vez del rebuscamiento barroco católico, a la eliminación de las vestiduras eclesiásticas; al énfasis en la lectura de la Biblia, en lugar del rezo del Oficio divino y otras devociones (rosario, adoración del Santísimo Sacramento, devoción al Corazón de Jesús, culto de los santos, etc.). En los dos siglos bajo análisis el protestantismo resulta más variopinto, con la aparición de las denominadas sectas (metodistas, puritanos, cuáqueros, congregacionalistas, presbiterianos, etc.).
En todas y cada una de estas diferencias específicas, cada comunidad protestante, lo que se reforzará posteriormente, presentará tantos matices cuantos convengan a la creatividad humana, pues se trata de modos de ponerse en contacto con Dios más individuales y espontáneos, no como los de los católicos, con sus modalidades predominantemente hieráticas y continuamente sujetas a examen, por la amenaza de ser considerado disidente, de lo que se encargan férrea y tenazmente la Inquisición y los confesores.
Por eso muchos de los fundamentos, o supuestos fundamentos, del protestantismo, tienen una gama que va en unos del radicalismo total hasta otros, para todo fin práctico, católicos. Precisamente, en la Iglesia anglicana, se dará un movimiento poderoso y luego de grandes consecuencias en otros países protestantes llamado puritanismo, que fundamentalmente pretende erradicar todo los vestigios de papismo y catolicismo remanentes en esa iglesia, después de que ella se convirtió al protestantismo en 1690.
Si se analizan las creencias protestantes, se encontrará que tres diversos modos de concebir la religiosidad cristiana socavarán la escolática protestante en estos dos siglos, originando una cristiandad enteramente diversa. Esos diversos modos de ver las cosas fueron el pietismo (evangelicasmo) y el racionalismo.
Pietismo:[11] es una escuela luterana que rechaza la rigurosidad dogmática, la piedad ceremonial y la intromisión de la autoridad civil en los asuntos religiosos, para abogar por una religiosidad basada en el estudio de la Biblia, el sacerdocio de todos los fieles (lo que implicará una organización congregacionalista de las comunidades religiosas), una religiosidad fervorosa, del corazón, no de la mente, y la concordia por medio de la oración y la predicación espiritual; impone una moralidad estricta y la dedicación a actividades caritativas. La religión debe difundirse, más que por precisiones teológicas, por una pastoral ferviente. Su principal propulsor fue Jakob Spener (1635-1705), autor de la obra Pia Desideria (1675) y organizador de la facultad de teología en la Universidad de Halle, que sería el centro del pietismo en Europa. La iglesia mórava fue pietista e influyó en toda la comunidad protestante europea, en particular en los Wesley y por ello en el metodismo; en teología se adhiere al arminianismo, doctrina sostenida por Santiago Arminius (1500-1609) y seguida por la iglesia anglicana y la metodista, según la cual la libertad humana opera en la obra de salvación, oponiéndose así al radicalismo predestinatorio calvinista. Juan Wesley (1703-1791) sacerdote anglicano, es acreditado como fundador del metodismo, con la colaboración de su hermano Carlos; en Oxford, creó un Club Santo para el estudio de la religión, sus miembros celebraban la eucaristía todos los domingos y ayunaban los miércoles, visitaban las prisiones y continuamente realizaban exámenes de conciencia; posteriormente Juan fundaría, en 1736, otro club en Norte América, pero sin mayor éxito. Otro metodista influyente, que luego se retiraría del movimiento por sus convicciones calvinistas, fue el sacerdote anglicano Jorge Whitefield (1714-1770), quien inició, cuando le impidieron predicar en la iglesia en Bristol, la predicación al abierto, que habría de ser una modalidad propia del metodismo: se juntaron inmensas muchedumbres y se formó una nueva sociedad, con asistentes laicos, y predicadores trashumantes predicando al abierto, y numerosas conversiones durante las prédicas[12]. Juan Wesley estableció el metodismo en Irlanda, en Escocia; el metodismo, por medio de predicadores laicos, se difundió velozmente en Norte América, con la característica tan típicamente suya de hacer gran énfasis en la experiencia religiosa directa y muy poco en cuestiones teológicas. Su teología era anticalvinista, pues se oponía a la creencia de una gracia avasalladora y, contrariamente, era partidario del arminianismo. El metodismo, originalmente una sociedad dentro de la iglesia anglicana, se separó, constituyéndose en iglesia en 1795; tuvo enorme influencia, sobre todo entre los obreros, y llegaría a ser una de las sectas protestantes de mayor difusión universal.
Al pietismo se debe la supervivencia del monasticismo, tan combatido en general por los protestantes, el cual acabará siendo aceptado por los anglicanos a partir del siglo XIX; el movimiento monástico protestante se debe mayormente a Johann Conrad Beissel (1690-1768) quien fundó en 1732 una comunidad pietista semimonástica, en Ephrata (Pennsylvania), los Baptistas del Sétimo Día, con vida en comunidad, y celibato; en Pennsylvania fueron muy influyentes hasta el siglo XIX.
Racionalismo:[13] la exégesis bíblica católica, desde los Padres de la Iglesia hasta la Reforma, intentaba desentrañar el significado literal, moral, tipológico (las prefiguraciones, en el Antiguo Testamento de los tipos del Nuevo Testamento) y alegórico (narraciones empleadas para expresar un concepto verdadero) de los textos, pero con gran énfasis en lo tipológico-alegórico[14]; Lutero tuvo otro enfoque, dando énfasis, casi exclusivamente, a la interpretación literal de las Escrituras, lo que dio gran empuje a la crítica textual, y por ende, a la determinación de cuál fuera el texto que se analizaba, para luego entender su significado mediante la lectura devota (legendo et docendo), llegándose así a una interpretación espiritual, en Cristo y por la inspiración del Espíritu Santo; para Lutero era evidente la claridad de los textos bíblicos. Paradójicamente esto llevó a un interés cada vez mayor en determinar el texto bíblico y se cayó en manos de investigadores dedicados a determinar la autenticidad textual; la exégesis bíblica pasó de un diálogo con Cristo a una investigación antropológica, subrayando asuntos antes ignorados: historia del Cercano Oriente, su geografía, su arqueología, la historia de las religiones orientales antiguas y de las helenísticas, un análisis filológico complejísimo en el que los científicos protestantes llevarían la delantera hasta nuestros días. En las iglesias luteranas estos nuevos planteamientos se dieron en un ambiente permeado por la Ilustración, lo que pronto acabó en un enfoque puramente filológico del cristianismo, que lo redujo a una creencia más, entre muchas, en vez de a una investigación sobre la revelación divina en la historia. La filosofía y las ciencias reinan y gobiernan, en lugar de ponerse al servicio de la teología; el espíritu de la época, imbuido de mecanicismo, difícilmente podía aceptar una providencia divina, pues ella era negada por las férreas leyes científicas, eternas e inmutables, en donde no cabían providencia, revelación ni milagro. Se llegó así, en la misma Universidad de Halle, a una teología enteramente racional y a una moralidad more geometrico, como había sido el paradigma perseguido por Baruch (o Benito) Spinoza (1623-77), filósofo no cristiano, pero que tan al dedo servía a la dogmática protestante (sobre todo a la calvinista) por su aseveración fundamental de que sólo Dios es libre y que la única libertad concedida al hombre es la de conocer y amar a Dios. convirtiéndose dicha universidad en centro del racionalismo y de la teología protestante racionalista. El movimiento racionalista no tuvo consecuencias teológicas directas en la Iglesia anglicana, pues los filósofos ingleses de esa tendencia no se inmiscuyeron en asuntos religiosos; pero así no fue Alemania donde el luteranismo sería profundamente modificado por las corrientes racionalistas. No obstante todo tiene su lado positivo y, por razón del racionalismo, el protestantismo adquirirá una faz más contemporánea, y desaparecerán costumbres que hoy en día nos parecen supersticiosas (cacería de brujas, intolerancia, un replanteamiento de los conceptos de infierno y de cielo).

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